“…"La razón no sirve para la existencia", afirmaba. No quería que se le encasillara en ninguna tendencia literaria: "Tengo con la literatura la misma relación que puede tener un guerrillero con el ejército regular". Sabato afirmaba creer en el hombre, "a pesar de ser el animal más siniestro”. "La vida es tan corta y el oficio de vivir tan difícil, que cuando uno empieza a aprenderlo, hay que morirse", se quejaba.”
A sólo 2 meses de cumplir una centuria y después de varios años conviviendo con una disminuida y frágil salud, el escritor argentino Ernesto Sabato ha fallecido la madrugada de este sábado 30 de abril, a causa de complicaciones ocasionadas por una bronquitis.

Foto extraída de la internet.
Con su desaparición no solo se pierde al científico, al escritor y al intelectual, sino parte de la historia literaria de la Argentina, de América Latina y universal.
Sábato nació el 24 de junio de 1911 y pertenece a una camada de escritores que fue bautizada como la “generación intermedia” (nacidos entre 1905 y 1925), por que son herederos de dos tendencias literarias pero que no formaban parte de ninguna de las dos: la de Florida (con preocupaciones por la renovación formal y mucha influencia novelística francesa e inglesa) y la de Boero (inclinada a la narrativa de tipo social, con influencia del realismo ruso y el naturalismo de Zola).
Sin embargo, no se puede hablar de una estética como tal de los representantes de este periodo, ya que sus estilos son diferentes y en algunos casos radicalmente opuestos, sin embargo le otorgan al género novelístico una calidad, tanto temática como técnica, muy diferente a la que se venía haciendo hasta entonces; además, sus creaciones tienen un carácter marcadamente individualista, eran escritores solitarios que trabajan aisladamente.
Entre los representantes de la “generación intermedia” están: Adolfo Bioy Casares, José Bianco, Alfredo Varela, Antonio di Benedetto, Leopoldo Marechal, Joaquín Gómez Bas, A. Bioy Casares, Manuel Mujica Láinez, Abelardo Arias, Arturo Cerretani, Julio Cortazar y por supuesto Ernesto Sábato.

Foto extraída de la internet.
Eran depresivos, crueles, sensibles e insensibles al mismo tiempo, metafísicos, contradictorios, soñadores, desquiciados; es decir, están preocupados e inmersos en la realidad cotidiana, en el tema de la cultura nacional, en la problemática humana y en la misma trascendencia del ser, buscando respuestas (¿y salidas?) a la complejidad social del ser humano.
La obra de Sábato es eminentemente neorrealista y según los críticos, “fue una nueva forma de situarse ante la realidad, una nueva conciencia frente a la jerarquía del entorno”, es decir cómo se entiende y comprende la soledad del hombre frente a su naturaleza social.
El neorrealismo de Sabato, además, nos transporta a varios de los problemas de las sociedades modernas y contemporáneas, que ya desde la década del 40 del siglo XX eran discutidos y analizados: la soledad, la angustia, la desesperanza y la incomunicación del hombre, lo que se podría resumir en una profunda preocupación por los problemas existenciales del ser humano.

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Quiero terminar este acercamiento a Sábato y hacer un homenaje a su legado reproduciendo uno de los párrafos finales de su obra El túnel (1948): “¿Qué vas hacer, Juan Pablo? / Poniendo mi mano izquierda sobre sus cabellos le respondí: / Tengo que matarte, María. Me has dejado solo. / Entonces, llorando, le clavé un cuchillo en el pecho. / Ella apretó las mandíbulas y cerró los ojos y cuando yo saqué el cuchillo chorreante de sangre, los abrió con esfuerzo y me miró con una mirada dolorosa y humilde. / Un súbito furor fortaleció mi alma y clavé muchas veces el cuchillo en su pecho y en su vientre.
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